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La crisis de los 40

29 de abril de 2026 por
La crisis de los 40
María Trinidad GD

La crisis de los 40 años tiene una base fisiológica. En mujeres lo aseguro, y en hombres lo intuyo.  

A partir de los 35 años, un poco antes o un poco después, las hormonas femeninas vinculadas al ciclo menstrual comienzan a variar en su presencia corporal.

Hasta ese momento, te reconocías en la identidad de mujer fértil, productiva, que llegaba a todo, y casi siempre al servicio de unas exigencias externas. Tus hormonas responsables de tu ciclo menstrual, estrógenos y progesterona, te lo permitían en cierta medida. Aunque tengo que decirte que a un coste, que solemos pagar en esta etapa de transición hormonal.

Cuando estamos en la etapa fértil, los estrógenos y la progesterona son las responsables de nuestro ciclo menstrual. Aunque cada mujer es diferente, en términos genéricos, podemos decir, que el estrógeno en la fase folicular (justo después del sangrado) nos trae vitalidad, energía y esperanza. En este momento, somos más sociables y estamos volcadas hacia el exterior. Son esos momentos en los que sentimos que podemos con todo. A nivel fisiológico es la responsable, entre otras cosas, del crecimiento del endometrio, el tejido donde se albergaría la vida si hubiera concepción.

La progesterona en la fase lútea (después de la ovulación y antes del sangrado) es la responsable de parar el crecimiento del endometrio, justo para que éste se haga más rico en nutrientes, pues de este tejido se alimentaría bebé y placenta. Es el freno de todo. Es la hormona del descanso, la lentitud, de los límites hacia lo que no me cuida, de quitar el velo de la ilusión de que “puedo con todo”. La progesterona nos invita a estar con nosotras mismas, escucharnos, reflexionar sobre nuestra vida, vínculos, vocación, trabajo… Esta hormona es la que solemos vivir con más incomodidad porque, tanto socialmente como personalmente, no me valoro cuando no soy productiva. Y aquí viene el conflicto actual: durante nuestros años fértiles, con sistemas nerviosos en alerta, no hemos vivido esta fase de descanso y restauración como necesitábamos.

Y así llegamos a la transición hormonal con los deberes sin hacer: Cuerpos agotados, desorientadas, sin motivaciones internas porque nos perdimos en el exterior, sumergidas en un rol que ya no nos satisface ni nos identifica, y lo que es peor, sin un sostén emocional que nos acoja y sostenga, pues durante todo este tiempo, sostuvimos que ÉRAMOS AUTOSUFICIENTES Y PODÍAMOS CON TODO.

Esta transición hormonal llamada perimenopausia, tiene una duración variable en cada mujer. Y la sabiduría que nos trae es entrar en la cueva interior, sin prisas, sin autoexigencias, en modo escucha y apertura de todo lo que necesite expresarse y nunca dejaste que saliera. Es un momento de puesta a punto de toda tu vida anterior. Se puede vivir de forma muy incómoda porque nos trae toda nuestra oscuridad. Pero te recuerdo que la vida se gesta en la oscuridad del vientre materno, igual que la semilla en el vientre de la tierra. En nuestra parte más difícil de aceptar, también está el camino de vuelta a nosotras mismas.

Ya no es momento de agradar a nadie y sí es tiempo de poner voz a tu propia historia. 

Hormonas femeninas y Autoempoderamiento